domingo, 4 de enero de 2015

No se ponga así, Sr Inspector de farmacia, que esto es poca cosa.

Expediente sancionador en farmacia.
faltas leves más comunes










Este breve artículo, y los siguientes, trataran de servir de advertencia a los sufridos farmacéuticos de nuestra comunidad que están viendo cómo los Inspectores del Servicio de Ordenación farmacéutica bien acuden a sus farmacias, bien les llaman a “comparecer” en la sede de la Consejería, levantando a continuación “actas” del más variado contenido que finalmente desembocan en fuertes sanciones económicas, que en estos tiempos de crisis, llenan las arcas de la Comunidad de Madrid.



En este primer artículo nos referiremos a la temida visita de un Inspector a la farmacia, aclarando que éste tiene necesariamente que identificarse ante el titular o empleados de la farmacia antes de iniciar la Inspección propiamente dicha, que no es necesario ni obligatorio que el titular se encuentre presente en la farmacia (basta con la presencia de un farmacéutico –Art. 23 de la Ley de Ordenación Farmacéutica)

1. No tener el horario de la farmacia o el nombre del titular en un lugar visible en la fachada
2. No encontrarse el personal identificado con su nombre y categoría profesional
3. Carecer de la Real Farmacopea española vía Internet, o el resto de bibliografía obligatoria
4. Carecer de un lugar diferenciado (una caja de cartón, una estantería…) donde exista un rotulo claramente visible con la palabra “CADUCADOS”
5. No haber diligenciado las recetas privadas con el sello y firma del farmacéutico, o carecer éstas de algún dato como la fecha de prescripción, los dos apellidos de los pacientes, la posología, etc.

Pues bien, la visita del inspector a la farmacia suele ser “programada”, aunque a veces lo es con motivo de denuncia de otro compañero, o (desgraciadamente cada vez con más frecuencia) a instancia del propio Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid que sorprendentemente denuncia a sus colegiados ante la administración sanitaria, lo que quiere decir que van con un objetivo concreto y de forma simultánea a varias farmacias (revisión de recetas de Rubifen; de medicamentos anabolizantes, …), siempre sin previo. El protocolo de inspección se inicia con la revisión de los requisitos mínimos de los locales de las farmacias, siendo las infracciones más comunes que se suelen reflejar en el acta que da origen al expediente sancionador, las siguientes:

Estas 5 infracciones suelen llevar aparejadas multas que oscilan entre los 600€ y los 1800€, al libre criterio del inspector por lo que resulta útil recibir al Inspector de forma amable haciéndole ver y saber que nada hay más importante que hacer esa mañana que facilitar cuanta documentación le esté siendo requerida..
Otra de las conductas que siempre se revisan y cuyo buen cumplimiento queda al criterio del inspector es el control de temperaturas de la nevera y el almacén; aquí la casuística es muy variada, hemos defendido a farmacéuticos que tomaban correctamente las temperaturas pero que el inspector encontró “sospechoso” que éstas coincidieran durante una semana seguida, por lo que sancionó la conducta, o casos en los que existía termómetro en almacén pero no en nevera o viceversa y que se zanjaron con multas de 1.000€ o de 6.000€, según el Inspector considere más adecuado, lo que resulta a todas luces injusto, y me hace aconsejar que siempre se hagan alegaciones de descargo al finalizar el acta de inspección que deben ser anotadas y que luego serán tenidas en cuenta a la hora de graduar las sanciones.

Entendemos con el legislador que es importante el correcto control de la temperatura de almacén y nevera en las oficinas de farmacia, ya que es la forma de garantizar el correcto almacenamiento de los medicamentos, sin embargo, pensamos que el afán recaudatorio de la Consejería de Sanidad y la falta de un criterio objetivo y riguroso a la hora de calificar esta conducta (la ausencia de control de temperaturas) hace absolutamente injusta y por ello defendible esta sanción ante los Juzgados de lo contencioso de Madrid.

 Así es, existen numerosas sentencias que califican esta sanción como leve con multas que oscilan entre los 300 y los 600€, rebajando sustanciosamente las primeras calificaciones efectuadas por la Consejería de Sanidad, ya que cada inspector de la Comunidad de Madrid, en atención a como haya transcurrido la visita de inspección propone sanciones que oscilan entre los 600€ y 7.000€ calificando indiscriminadamente la misma conducta como falta LEVE o GRAVE lo que permite que el Juzgado correspondiente corrija esta actitud abusiva de la Consejería de Sanidad, recalificando vía judicial esta conducta como leve.



Así es, esta falta de rigor a la hora de calificar un mismo hecho, coloca al boticario de a pie en una situación de absoluta indefensión que arruina la confianza que antaño tenían los boticarios en sus compañeros inspectores. Antes un Inspector acudía a la farmacia con actitud de ayudar a sus compañeros, de mejorar el servicio, de enmendar las pequeñas faltas administrativas que pudiera cometer su compañero instándole a corregir las faltas leves de escasa trascendencia para la salud pública, y sancionando solo en el caso de encontrar deficiencias GRAVES en la farmacia (ausencia del titular, incorrecta llevanza del control de estupefacientes, etc.); ahora no, es casi imposible que un Inspector del Servicio de Ordenación Farmacéutica salga de una visita de inspección sin el propósito de iniciar un procedimiento sancionador contra el farmacéutico. Sirva como ejemplo de la arbitrariedad de los inspectores el siguiente caso; en este despacho hemos defendido a una farmacéutica que tras la compra de una farmacia había cumplimentado en el apartado referido a proveedor de las existencias mínimas de estupefacientes en el libro destinado a tal fin “COFARES” (pues este era el almacén que le dijo el vendedor de la farmacia que le había suministrado) mientras que la Inspectora encontraba más correcto haber escrito “antiguo titular”, siendo además que la fecha que se reflejaba difería en un día de la escritura pública de compraventa por lo que se sanciono con 3.000€ por falta grave, por falsificación del libro de estupefacientes y no poseer las existencias mínimas de estupefacientes hasta dos días después de haber adquirido la oficina de farmacia. Convirtiendo en este caso lo que era una mera falta administrativa leve, un despiste o un diferente criterio, en una conducta GRAVE. Las exageraciones en la calificación de las infracciones y las elevadas multas económicas que pueden llegar a imponer aconsejan en todos los casos, recurrir y alegar en este tipo de procedimientos, y en muchas ocasiones llegar hasta el final para defender el buen hacer de la gran mayoría de los farmacéuticos, profesionales intachables que están siendo atropellados, hasta ahora casi impunemente por los criterios arbitrarios de los inspectores.

Dejaremos para el siguiente articulo las “comparecencias” a que se someten a los farmacéuticos ante la sede de la Consejería, actualmente en la calle Sagasta de Madrid, aconsejando que se acuda siempre con un abogado, o en caso contrario que no se responda responder en el momento de la comparecencia a lo que se pregunta, alegando que para ofrecer una mejor colaboración es preciso recabar más información que la que en ese momento se posee. Es importante resaltar que nunca se ofrece al farmacéutico información relativa al motivo de la comparecencia, por lo que las respuestas irreflexivas a las cuestiones que hace la Consejería de Sanidad (totalmente preparadas con semanas de antelación) exclusivamente servirán como fundamento del procediendo sancionador que se pretende.